Cerro Champaquí, Cordoba- Argentina

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Desde Los Molles (Traslasierras) a la cumbre del Champaquí

 

Todo caminante   siempre se encuentra a la expectativa de conocer nuevos lugares y especialmente los no tan transitados, esto es lo que también a mí me generó la gacetilla  recibida… “Vamos al Champaquí por EL HUECO.”  El lugar ya  venía sonando  en charlas entre amigos,  aventureros de este lado de nuestras sierras grandes. Así que no lo dudé un instante y los días previos a la cita pactada fui  preparando mi mochila, no sin cierta ansiedad.

 

8,30 AM. La camioneta avanza hacia el oeste, camino a Los Molles, bajo un cielo azul de punta a punta. A los costados, álamos de hojas naranjas pálidas se mezclan  con los siempreverdes. El sol resalta los colores de otoño. Sobre la estructura del techo la Ford transporta mochilas y bultos, su sombras parecen moverse, proyectadas al costado del camino como con vida propia; por momentos se estiran hacia adelante, luego se inclinan hacia atrás, en sentido contrario a los giros del vehiculo. Adentro, entre los caminantes, corre el mate y los criollos. Algunos integrantes recién vamos conociéndonos, en charla animada. ¡El día es enteramente nuestro!

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11,30 AM. Ns encontramos ya al pie de la Montaña. Nuestro guía, Hebert, nos da la primera charla mientras el grupo se distribuye los elementos de uso común que portaremos hasta el lugar de acampe. Cada participante adquiere una tarea, un rol en el grupo.

 

“El  ascenso de este primer día  lo realizaremos desde la vertiente oeste del cordón de Sierras Grandes, es uno de los caminos menos conocidos por los turistas y grupos numerosos,  porque  está considerado de un nivel de dificultad alto. Ascenderemos por esta quebrada hasta el lugar denominado “El Hueco”, a unos .l.200 msnm, donde acamparemos. Es un ascenso de unas 5 a 6 hs. , tengan en cuenta el peso que cargamos.  Así que avanzaremos tranquilos. Eugenia cerrará la marcha. Si alguien necesita un descanso… o apartarse a “paradas técnicas”,  avisa…La idea es disfrutar y pasarla bien.”

 

Avanzamos en fila india costeando la quebrada, por momentos necesariamente en silencio debido a tramos exigentes, pero vamos a buen ritmo. De cuando en cuando nos detenemos  y al echar un vistazo hacia el valle, tomamos conciencia de la trepada.

La belleza del paisaje parece acortar el tiempo y distancia, con el cielo totalmente despejado abajo se divisan las parcelas y caminos como en un tablero, perfectamente marcadas. Hebert nos ubica:

-         A la derecha se encuentran los Volcanes de Pochohacia el oeste las sierras de

San Luís.

Cuando queremos acordar estamos frente  a la  “ casa del suizo” El camino consolidado no  pasa cerca  de la morada,  esta se divisa más adelante desde lo alto del sendero, en la orilla opuesta de la quebrada, se  ve  parte de   la vivienda semi-escondida, este hecho y el  de pertenecer a un extranjero un  tanto ermitaño, da  pie para recrear versiones de su vida .Continuamos la marcha.

  El sol acompaña con calidez: vamos vestidos tipo cebolla,   entonces al rato vamos sacándonos abrigos. A esta altura  nos conocemos mejor. Somos oriundos de distintas localidades y provincias, así que la charla es salpicadita y con cargadas mediante.

 

 

Mientras atravesamos un bosque de centenarios tabaquillos, a Eugenia le llamó la atención la ausencia de pájaros, al menos en ese momento.

 

El campamento y la  rebelión de las vacas.

 

Cerca de la hora programada llegamos a El Hueco.. Creo que en las caras se leía ¡¡Por Fin!!  El lugar se encuentra al pie del último tramo, es una terraza natural, una “hoya” con abundante vegetación, el arroyo corre al costado y lo circunda un tupido bosque de tabaquillos.

Descendiendo hacia el faldeo, entre los árboles nos espiaban unas seis o siete vacas  serranas- pampas con cara de pocos amigos. Estábamos invadiendo su territorio. Al principio se opusieron tímidamente, y finalmente retrocedieron un poco más como diciendo: ¡Ya organizaremos la resistencia!

 

Así que nos pusimos a armar el campamento en el mejor lugar: debajo de frondosos árboles la carpa- comedor, y en las inmediaciones las individuales.

Estábamos por aflojar al cansancio cuando Eugenia llamó a cenar y salimos todos como chiflete.

Menú

Entrada: Salamín con pan.

Primer y único platazo: Ravioles con tuco y carne.

Postre: Frutas surtidas o dulce de leche casero.

 

Charla va, charla viene, sentimos sobre el lateral derecho de la carpa-comedor el primer sacudón  de advertencia vacuna. Efectivamente estaban organizando.

Terminada la cena se tuvo la precaución de envolver toda la comida en un bulto y elevarla mediante una soga a lo alto del árbol. Y nos fuimos a dormir.

No tardaron en acercarse las vacas descaradamente, se sentía su resoplar alrededor de las carpas, mordisqueando. 

Hugo había armado la carpa con su compañera un poco mas alejada de las demás, así que se la agarraron con él, que las anduvo corriendo hasta las tres de la  madrugada. A la mañana siguiente el panorama era desolador, la carpa comedor se encontraba tirada en el suelo,  los trapos y medias que quedaron colgados fueron mordisqueados.

Hebert asegura haber visto pasar una vaca con un pañuelo.

Vuelta a armar lo arrasado. Curiosamente la siguiente noche no aparecieron,  al igual que los pájaros… Únicamente vimos un zorro colorado rondando. Pienso que en zonas no tan transitadas, cuando hay un intruso, el animal toma distancia. No ocurre esto donde el animal, siente que no corre peligro.

 

Después del desayuno comenzamos a preparar lo que llevaríamos al ascenso final de acuerdo a las indicaciones de los guías.

Bien, en esta última etapa para llegar a la cumbre, tendremos un desnivel de 800 metros. Unas 4 horas de caminata,  y otras tantas para la vuelta al campamento. Esta es una de las rutas más directas a la cima. En este trayecto no hay posibilidades de aprovisionarse de agua, carguen la suficiente. A la altura de aquel filo que ven allá, donde está la roca colorada, nos estará dando el sol, así que lleven algo para cubrirse”.

 

Comenzamos la trepada por los filos, por senderos rodeados de paja brava tupida. En algunos tramos se conservaban restos de nieve. Fueron tres horas hasta la piedra colorada. Desde allí, la pendiente era más pronunciada y efectivamente el sol nos daba de lleno. Me dije a mi mismo: ¡Ahora te quiero ver!

 

Reconozco que ya iba sintiendo el cansancio, las paradas para tomar aire eran más frecuentes, en ascenso  el cuore  necesita bombear más, la adrenalina empuja Eugenia, que cierra la marcha, acompaña y nos va regulando. El último tramo parecía el más largo  y  peliagudo,  en partes  hubo que apelar al “gateo”,  cuando el grupo se encontraba ya en las apachetas que marcaban el rumbo, alcancé el  filo. Desde allí  a la cumbre, distaban unos 400 metros adelante, se advertía bastante concurrida.  El tramo conservaba  abundante  nieve.

Unos pocos metros antes de llegar, atravesamos un claro donde, bajo un sol pleno, sobresalía un poste solitario. La vista hacia el valle era inmejorable, acomodé mi mochila contra la roca, luego el cuerpo contra ella y dejé correr las sensaciones por mi cuerpo. Precisaba ese momento.

Aprovechamos ese remanso para tomar la comida de marcha y no tardamos en reiniciar el regreso. Las otras cuatro horas. Hebert y Eugenia manejan los tiempos de acuerdo al grupo, previendo llegar al campamento antes de que anochezca. Sobre el atardecer, después de entretenernos viendo seis cóndores en danza, pasamos el bosque de tabaquillos con luna llena, alucinante. Todavía nos quedaba buscar agua y preparar la cena. Menú de la segunda noche: Polenta con bastante cebolla, chorizo colorado, panceta. Había que recuperar las energías; nos quedamos hasta tarde divagando. Así y todo nos levantamos temprano, excepto Mónica que se demoró un poco. El grupo aprovechó eso y con dos alfajores y una vela de campamento improvisó una torta.

 

Ella había contado al comienzo de la caminata que viajar en este día, tenía por intensión hacer algo distinto. Así que cuando se acerco a la carpa-comedor la sorprendimos cantando las mañanitas del CUMPLEAÑOS FELIZ. Me encontraba cerca de ella y  sostengo que no fue por el frío que le corrieron dos lágrimas.

 

No hubo tiempo para más, la cerrazón se deslizaba cuesta abajo. Rápidamente desarmamos campamento y comenzamos el regreso. A medida que descendíamos, la temperatura también lo hacía. La nieve nos encontró en el camino de Altas Cumbres. Se congelaba el vidrio de la Ford.  Adentro, el calor humano empañaba los vidrios…

 

La . montaña tiene ese poder sobre los caminantes, exigirnos, despertar sensaciones,

 

 

 

 

 

 

 

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Comentarios

hola caminantes tambien se puede hace el recorrido por la quebrada del tigre, no muy lejos de los molles y del denominado hueco... por san javier una localidad cercana hasta la quebrada del tigre, de ahi hasta los linderos y luego el CHAMPA...

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hola Mauricio, gracias por visitar el sitio y por tus comentarios.

Saludos

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Hola Mario, gracias por compartir tu experiencia. Soy de Maciel, Sta Fe. El 9 de enero viajaremos hacia Villa Dolores y de allí a Los Molles para realizar el mismo ascenso que relatas. A la vuelta les cuento. Saludos!!! 

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hola Juan, gracias por tus comentarios puedes ver mas salidas al chmapa en

www.senderismoargentina.com.ar

Saludos

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Hola! estuvimos en sierras embrujadas el domingo y no le preguntamos a Luis por qué se llaman asi "sierras embrujadas" me podrían decir por favor, cómo me pude olvidar de preguntar eso! Gracias!

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Cuando Luis emprendio la contrucción de su proyecto, en el cual participa su familia, su esposa y sus hijos, entre ellos dos nenas, la mayorcitos lo acompañaban , cuenta Luis que la forma caprichozas de los árboles y el entorno, canto de cietas aves, nuvecillas en la cima, hacían exclamar a la nena mayor..." Quiero ir a la Sierra Embrujada"

Mario aiken Seguel

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Hola. Me llamo Alejandra. Me gustaría sumarme a las salidas que hacen. Estoy buscando un grupo que haga trekin, montaña y estas actividades al aire libre. Me pueden contar para la proxima?


 

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